Un susurro de esperanza
Nadie sabía quién recibiría la carta. Una madre y su hijo la escribieron usando palabras sencillas y cariñosas. Mientras escribían sobre el gran valor que tiene la vida de las personas, Dios ya sabía quién la leería. Esa persona era AJ.
Todo comenzó cuando tres familias de dos iglesias locales caminaban por una acera cubierta de nieve en Edmonton, Alberta. Los niños iban bien abrigados y llevaban bolsas de papel llenas de algo especial. Las familias pertenecían a la iglesia Barrhead Alliance, una iglesia asociada a ShareWord Global. Habían recibido capacitación y estaban listas para compartir su fe de una manera cálida y natural.
Dentro de cada bolsa había un pequeño obsequio, un ejemplar del Evangelio de Juan y una carta escrita a mano. Mientras caminaban, los padres les enseñaban a sus hijos cómo compartir su fe a través de conversaciones sencillas y amigables con las personas con las que se encontraban.
Durante la visita, un niño se acercó a AJ, un hombre que luchaba contra la adicción. El niño le habló con amabilidad, sin miedo ni prejuicios. Le entregó la bolsita y oró por él con ese corazón puro que los adultos suelen perder. Sus gestos amables nos recordaron a todos que el amor verdadero se demuestra cuando nos acercamos a alguien, no cuando nos alejamos.
AJ se sentó en la acera fría y abrió la bolsita con dedos entumecidos. Su abrigo y su gorro de invierno dejaban ver lo frío que estaba el día. Pero la mirada en sus ojos revelaba algo más profundo: un peso que había cargado durante mucho tiempo. Mientras leía la carta, su postura cansada lo dejó aún más claro.
Antes de que el grupo de familias se fuera, la mamá del niño tomó una foto rápida del momento. Más tarde, notaron algo en la foto que ninguno de ellos había visto ese día. Detrás de AJ, escrito en la pared de metal, alguien había pintado estas palabras:
"Para la persona que lee este grafiti:
Tú importas.
Eres importante, amado y apreciado.
No dejes de intentarlo… ¡eres increíble!"
Una carta escrita por una familia que no sabía quién la leería.
Un grafiti pintado por un desconocido mucho tiempo antes.
Una sencilla oración pronunciada por un niño.
El Evangelio de Juan compartiendo la misma verdad que AJ encontró en la pared.
Cuatro mensajes diferentes que llegaron a un hombre al mismo tiempo, con un claro mensaje de esperanza: Tú importas.
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