El minuto de silencio
«Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros». 2 Corintios 1:4 NTV
Cada minuto, en algún lugar del mundo, 44 mujeres pierden a su bebé antes de que nazca*. Marcela perdió a su bebé en uno de esos minutos. La pequeña vida de su bebé terminó antes de comenzar, y con ella, también se desvanecieron los sueños que Marcela guardaba en su corazón de convertirse en madre.
Marcela fue enviada de regreso a su hogar en Santiago, Chile, sin su bebé. Allí comenzó el arduo proceso de recuperación física y superación del duelo emocional, pero estas son cosas que una madre nunca olvida. La vida sigue, sí, pero a menudo los corazones y las mentes permanecen atrapados en ese minuto trágico, incapaces de seguir adelante. Ahí es donde se encontraba Marcela cuando Paola la conoció.
Paola es una creyente que se unió a una campaña de evangelismo con la iglesia Generación de Fe, Misión La Florida en el área metropolitana de Chile. Esta zona es animada, llena de familias y calles bulliciosas. Sin embargo, también esconde dolor y necesidad espiritual. En ese entorno, Dios permitió que sus caminos se cruzaran. Las palabras de Paola no fueron una coincidencia. Esas palabras consolarían a Marcela, tal como Él había consolado a Paola en su propio momento de pérdida. Ella había sentido el dolor de un nieto que nunca llegó a sus brazos.
La conversación fluyó con naturalidad. Marcela, agobiada y con el corazón destrozado, pronto compartió lo que le había sucedido y simplemente dijo que estaba triste. Ese dolor compartido abrió un puente de empatía y esperanza. Más tarde, la madre de Marcela se unió a ellas, cargando con el dolor de haber perdido a su nieto. Paola les mostró a ambas la revista Esperanza y les señaló los Salmos que hablan de consuelo. Oraron juntas, y lo que parecía un momento marcado únicamente por la pérdida se convirtió en un instante lleno de esperanza.
Lo que parecía una coincidencia, el dolor que sentía Marcela, la presencia de Paola y la llegada de su madre, era en realidad parte del hermoso plan de Dios. En ese mismo lugar donde la vida parecía haberse detenido, Dios alcanzó a Marcela y a su madre con Su consuelo eterno. Recordándoles que nada sucede fuera de Su propósito.
Historias como esta muestran la importancia del evangelismo relacional. Nos permite tener conversaciones genuinas, compartir nuestras experiencias con honestidad y darnos cuenta de que lo que hemos vivido también puede ser la realidad de otros. En ese espacio de identificación y empatía, muchos son guiados a Cristo.
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