Desde lo Más Profundo de las Montañas
Las montañas de Matagalpa se levantan como gigantes sobre la verde tierra nicaragüense. Sus cumbres suelen estar envueltas en niebla y coronadas por nubes que parecen velar en silencio por las personas que viven a sus pies. Para llegar a los pueblos escondidos en lo más profundo de estas montañas, es necesario que viajar durante horas por caminos llenos de curvas, caminos que se pierden entre la selva y el barro cuando llegan las lluvias. Aquí, lejos de la ciudad, la esperanza puede parecer lejana.
Pero incluso en los pueblos que parecen olvidados por el mundo, Jesús está presente.
Él utiliza a su pueblo —la Iglesia— y a los creyentes de las iglesias locales para responder a Su llamado.
Con esta misión en sus corazones, un equipo de una de las iglesias asociadas a ShareWord finalmente llegó a su destino: una comunidad remota en la región de Matagalpa.
Fue aquí donde conocieron a Ana*, una mujer de 40 años con una sonrisa apacible y ojos bondadosos. Pero detrás de esos ojos se podían ver las sombras de las dificultades que son tan comunes entre la gente que vive aquí. La vida en estas montañas está marcada por cosechas fallidas, tormentas y otros desastres naturales que pueden destruir y aislar a las comunidades en un abrir y cerrar de ojos.
Cuando el equipo comenzó a hablar con Ana, pronto se dieron cuenta de que ella estaba alejada del mundo que la rodeaba de una manera diferente: no sabía leer ni escribir, un detalle que podría parecer un desafío para este encuentro. Sin embargo, antes de que nadie pudiera preocuparse, Dios ya había abierto el camino.
A través de una conversación sincera y de las impactantes imágenes de la revista Esperanza —con páginas llenas de pasajes bíblicos e impresionantes imágenes de la belleza escarpada de Nicaragua - Ana comenzó a ver la verdad del amor de Dios. Se mostró atenta, escuchando cada palabra que se decía, comenzó a entender la esperanza de la que hablaban, como si fuera armando un rompecabezas en su mente.
El equipo le presentó a Jesús. Le compartieron del profundo del amor de Dios por ella: de cómo Él envió a Su Hijo al mundo para que ella pudiera ser salva. Y allí, en ese tranquilo pueblo de montaña, lejos del ruido de la ciudad, Ana elevó una poderosa oración. Ella decidió seguir a Jesús.
Su historia es solo una muestra de lo que sucede cuando el mensaje del Evangelio llega a los lugares más remotos de nuestro mundo.
Es la prueba viviente de que nadie está demasiado lejos.
Nadie es inalcanzable.
Porque nuestro Salvador no se olvida de nadie.
*Nombre cambiado por razones de privacidad.
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