Un abrazo del cielo
Hay un barrio en Paraná, Brasil, conocido por tener el mayor número de alumnos con necesidades especiales de la ciudad. Allí fue donde el equipo GO llegó en este día soleado.
Los alumnos recibieron a los visitantes con grandes sonrisas, carteles escritos a mano en inglés e incluso tocaron «O Canada» para honrar a los invitados canadienses. El personal y los alumnos hicieron que todos se sintieran como en familia.
Durante el día, Isaiah, uno de los participantes del viaje GO, compartió una historia personal con los estudiantes.
Se sinceró sobre su pasado. Cómo solía sentirse alejado de Dios, como si Dios no lo estuviera escuchando.
Pero con el tiempo, se dio cuenta de que Dios había estado ahí todo el tiempo. En sus propias palabras: «No necesitaba luchar para que me escucharan. Dios ya me escuchaba. Él ya me amaba».
También habló sobre la pérdida. Alguien cercano a él había fallecido, y ese dolor se convirtió en parte de su camino hacia la fe. Lo ayudó a crecer.
Isaiah se alejó en silencio después de compartir su historia.
Fue entonces cuando sucedió.
Un niño pequeño—que no hablaba su idioma—se acercó directamente a él. Sin palabras. Solo una sonrisa. Luego le dio a Isaiah un abrazo cálido y silencioso.
Momentos después, un líder del viaje encontró a Isaiah en un rincón, llorando.
«Estoy bien. Simplemente no me lo esperaba», dijo. Ese pequeño abrazo lo conmovió profundamente. Sintió como si Dios lo estuviera abrazando de nuevo—tranquilizándolo y amándolo—justo allí, a través de los brazos de un niño.
Isaiah también creía que el niño se había conmovido con el mensaje. Incluso a través de un traductor, el amor lo había alcanzado.
Antes de que el equipo se fuera, todos los niños de esa escuela escucharon el evangelio. Cada uno se fue con una revista Chispa en la mano—y algo aún más grande en sus corazones.
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